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De preguntarse ¿por qué a mí? a seguir adelante y celebrar la vida

Mi hija no puede hablar ni tiene firmeza en su movilidad, pero cuando le hablo y me sonríe, para mí es todo, una alegría inmensa…” Las palabras son de Roxana (48) la mamá de Máxima Serena (5), su hija menor que le hizo descubrir “un mundo desconocido, al que tuve que adaptarme”, admite Roxana. El mundo al que se refiere es el de la discapacidad.

 

 

Con su historia y la de su familia, León busca inspirar y compartir un mensaje, que también le pertenece a Roxana: “La clave es el acompañamiento, como el de Fundación León. Y si la familia no ayuda, tampoco sirve. No hay que darse por vencida”.

A Roxana, también mamá de Valentina (15) y Delfina (6), la vida le cambió por completo en cuestión de meses. Dejó su trabajo como cajera de un supermercado después de 20 años de trayectoria, se embarazó de su tercera niña, en el  transcurso se separó de su pareja y cuando nació Serena, en apenas en cinco meses de vida la familia ingresó a ese “mundo desconocido”. “A los dos meses ya tenía diagnóstico de Hiperplasia renal y Epilepsia y a los cinco meses le diagnostican Microcefalia”, recuerda Roxana. “León y CILSA son dos organizaciones que me acompañaron y ayudaron muchísimo, primero con el cochechito que necesitaba mi nena y ahora, con la silla nueva”, reconoce. “Fue una lucha constante”, asegura. “Serena tenía cinco meses y yo la veía rara. No se sentaba, no tenía la cabeza firme, ni me seguía sigue con los ojitos”, describe la protagonista, quien destaca que “seguía adelante gracias al apoyo de mi mamá, que falleció en 2020”.

 

 

Roxana tiene fuerzas, compromiso y mucho amor para compartir. Cuenta que tras el fallecimiento de una hermana también se hizo cargo de una sobrina con síndrome de Down. “Son pruebas que nos da la vida y que hay que seguir luchando ¿Por qué me tocó a mí? nos preguntamos muchas personas que convivimos con la discapacidad. Gracias al acompañamiento, hoy digo que se puede mejorar la calidad de vida”, reflexiona. “Máxima es tranquila. No es una nena que grita. Sonríe mucho”, expresa Roxana, que cuenta que tiene como únicos ingresos “la pensión por Serena y los salarios de mis otras dos hijas”. “Me ayuda mucho otra hermana, que es empleada municipal”, agradece.

 

Roxana tiene proyectos. Espera continuar el tratamiento de Serena que la pandemia truncó bastante y además inscribirla en el Centro Educativo Terapéutico Casagrande.

 

Estamos contentas. Hasta ahora si salía a lugares cercanos a mi casa, tenía que alzar a Serena. Con la silla nueva, podremos salir a pasear y trasladarnos con seguridad y comodidad. Sé que cuento con León, siempre”, cierra Roxana, una mamá que celebra la vida.

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