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«Tuve que trabajar desde chica, no quiero eso para mis hijos»

Silvana Olea tiene 38 años. Es mamá de 4 hijos, de 22, 17, 10 y 3 años. Vive con ellos y con su esposo en el barrio San Miguel (suroeste tucumano), hace 15 años. “Somos un equipo”, avisa Silvana, a modo de presentación de su familia, que sabe de salir adelante y que se convirtió en una de las destinatarias del Programa educativo “Aprendiendo en Casa – HIPPY”, que Fundación León implementa en Tucumán en convenio con AMIA.
El dispositivo tiene por finalidad convertir a las mamás, papás y tutores de niños de edad preescolar (2 a 4 años) en los primeros maestros de los chicos, involucrándolos en dinámicas de aprendizaje, compartidas con lecturas, juegos, canto y baile.

León presentó este Programa, de 10 meses de acompañamiento a cargo de un voluntario de la fundación, en 2019. Ya culminó –con éxito– su ciclo el grupo de familias de la zona de La Cartujana. Y está activo otro grupo, en Horco Molle. HIIPPY sigue creciendo en Tucumán. Así como el sueño de un futuro con más y mejores experiencias escolares.

Estoy muy feliz de poder acompañar con este Programa a mi hija Yasemín, compartir su educación y aprender jugando con ella”, admite Sil, quien luego de recibir su kit educativo con libros y juegos didácticos, añade: “La educación me parece muy importante. Yo no tuve la oportunidad que hoy tienen mis hijos. A los 12 años me tuve que poner a trabajar en la cosecha de frutillas y arvejas con mis padres. También fui empleada doméstica. Pero ahora estoy estudiando y terminando la Primaria”. “Tuve que trabajar desde chica, no quiero eso para mis hijos, deseo que estudien y aprendan y sean algo en la vida”, augura Silvana.
Su hijo mayor trabaja en una envasadora de agua mineral, su esposo en la distribución y sus otras dos hijas estudian. “La de 17 está por terminar la Secundaria. Quiero que siga una carrera con salida laboral”, proyecta Silvana, ama de casa y alma de una casa que, según revela, está “llena de alegría. Rezamos y agradecemos todos los días. Cuidamos de nuestros hijos. Somos de conversar mucho; hay diálogo. Nosotros somos un equipo. Estamos atentos a los chicos y ellos se cuidan entre sí, como buenos hermanos”.

Silvana se entusiasma con la oportunidad creativa, entretenida y educativa que le dará HIPPY. Los míos eran otros tiempos. Mis papás vivían trabajando y no tenían tiempo para nosotros, que éramos siete hermanos. Nos quedábamos en la casa y no sentíamos ese apoyo o acompañamiento para el aprendizaje. Nos dábamos vuelta como podíamos”, recuerda su infancia y etapa educativa. Y celebra: “Yo tuve la oportunidad de acompañar a mis cuatro hijos. Y lo veo reflejado en ellos, que reconocen sentirse acompañados por sus papás. A Yoselín, la de 10 años, le encanta el estudio. La veo que tiene un buen futuro. Hay que acompañarla”, destaca Sil, que recuerda, casi entre lágrimas de emoción, “cuando mi hijo mayor cobró su primer sueldo y me compró un juego de comedor, para reemplazar mi mesita y sillas de plástico”.

“A mis cuatro hijos lo eduqué por igual. Tiene  una sensibilidad muy especial, me siento orgullosa de tener unos hijos maravillosos, que son un ejemplo”, se emociona más Silvana, y se despide compartiendo una convicción: “Tenemos que seguir apoyándolos, para que salgan adelante”.

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